Reminders of him by Colleen Hoover, Chapter 36

Kenna
E stoy en la ducha cuando oigo que llaman a la puerta de mi casa.
Me sobresalta porque es más bien un golpeteo incesante. Lady
Diana no llamaría así, y es la única persona que ha estado aquí
aparte de Ledger.
Acabo de enjuagar el acondicionador de mi cabello, así que abro la puerta
del baño y grito:
—¡Espera! —Intento frenéticamente secarme a mí y a mi cabello con una
toalla como puedo para no gotear agua hasta la puerta de casa.
Me pongo una camiseta y una braga, y luego agarro el vaquero y me dirijo
a la puerta para comprobar la mirilla. Cuando veo que es Ledger, abro la puerta
y empiezo a ponerme el pantalón mientras él entra.
Parece que le sorprende que no esté completamente vestida. Se queda
mirándome hasta que me abrocho el vaquero. Sonrío.
—¿Dejaste a tus padres?
Me atrae para darme un beso, pero me toma desprevenida, porque este
beso es más que un simple beso. Hay tanto detrás de la forma en que su boca
presiona contra la mía, que es como si hubieran pasado semanas desde que me
vio, pero solo han pasado unas tres horas.
—Hueles tan bien —dice, apretando su rostro contra mi cabello mojado.
Desliza sus manos por mis muslos y luego me levanta, rodeando su cintura con
mis piernas. Nos acompaña hasta el sofá y nos deja caer sobre él.
—Esto no es una cama —me burlo.
Me muerde el labio inferior.
—Está bien, no soy tan considerado como intenté serlo hoy. Tendría sexo
contigo en cualquier lugar ahora mismo.
—Si esto está sucediendo, tal vez quieras llevarme a ese colchón inflable,
porque este sofá es cuestionable.

No pierde el ritmo. Me levanta y me deja caer sobre el colchón, pero
mientras me besa el cuello, Ivy empieza a maullar. Se sube al colchón y empieza
a lamer la mano de Ledger. Él deja de besarme y mira a mi gatita.
—Esto es incómodo.
—La pondré en el baño. —Llevo a la gatita al baño y la encierro con su
comida y agua. Esta vez me pongo encima de Ledger. Me coloco a horcajadas
sobre él, y él sube y baja las manos por mis muslos mientras sus ojos me
recorren.
—¿Todavía te sientes bien con esto? —pregunta.
—¿Con qué? ¿Nosotros?
Asiente.
—Nunca me he sentido bien con nosotros. Nosotros es una idea terrible.
Me agarra de la parte delantera de la camisa y tira de mí hasta que
nuestras bocas casi se tocan. Pasa su otra mano por mi culo.
—Lo digo en serio.
Sonrío, porque no puede esperar que hable en serio mientras se aprieta
así contra mí.
—¿Intentas tener una conversación legítima mientras estoy encima de ti?
Nos da la vuelta para que ahora esté encima de mí.
—He traído condones. Quiero quitarte la ropa. Quiero tener sexo contigo
de nuevo, pero también siento que debo tener una conversación con los Landrys
antes de que esto vaya más lejos.
—Es sólo sexo.
Suspira y dice:
—Kenna. —Se limita a decir mi nombre como si me estuviera
sermoneándome, pero luego presiona su boca contra la mía, y es dulce y suave
y tan diferente de todos los besos anteriores.
Entiendo lo que dice, pero creo que estoy cansada de dar vueltas a esta
discusión porque me gustaría no pensar en ello durante un tiempo. Cada vez que
estoy con él, mi situación es lo único en lo que pienso. Es arduo y, para ser
sincera, da miedo.
Levanto una mano hacia su mejilla y le quito un trozo de pelusa del sofá.
—¿De verdad quieres saber cómo me siento?
—Sí. Por eso lo pregunto.
—Ambos seguimos yendo y viniendo. Tú te preocupas, y luego yo me
preocupo, y luego tú te preocupas, pero la preocupación no va a resolver esto.
Siento que esto no va a terminar bien. O tal vez lo haga. En cualquier caso, nos
gusta estar el uno con el otro, así que hasta que no termine bien o termine

terriblemente, no quiero perder nuestro tiempo juntos dando vueltas sobre un
futuro que no podemos predecir. Así que desnúdame y hazme el amor.
Ledger sacude la cabeza, pero sonríe.
—Es como si me leyeras la mente.
Tal vez, pero todo lo que acabo de decir en voz alta no es en absoluto lo
que siento.
Lo que siento es terror. Sé, en mi corazón, que no hay nada que pueda
decir que cambie la opinión de los Landrys sobre mí. Ni siquiera están
equivocados. La decisión que están tomando, es la decisión correcta porque es
la que les traerá más paz.
Voy a respetar esa decisión.
Después de esta noche.
Pero ahora mismo, voy a ser egoísta y centrarme en la única persona de
este mundo que me ve de la forma en que me gustaría que todos me vieran. Y si
eso significa que tengo que mentirle y fingir que esta historia puede tener un
final feliz, eso es lo que haré.
Le quito la camisa, y luego mi camisa es la siguiente, seguida de nuestros
vaqueros, y en cuestión de segundos, los dos estamos desnudos y él se está
poniendo un condón. No sé por qué nos apresuramos, pero lo hacemos todo con
urgencia. Nos besamos, nos tocamos, jadeamos como si se nos acabara el
tiempo.
Me besa el cuerpo hasta que su cabeza está entre mis piernas. Besa ambos
muslos antes de separarme lentamente con su lengua. La sensación es tan fuerte
que clavo los talones en el colchón y me deslizo por él, así que tiene que
agarrarme los muslos y tirar de mi cuerpo hacia su boca. Busco algo a lo que
agarrarme, pero no hay ni siquiera una manta, así que pongo las manos en su
cabello y las mantengo ahí, moviéndome al ritmo de su cabeza.
No tardo en correrme, y mientras las sensaciones me recorren y mis
piernas se tensan, Ledger intensifica el movimiento de su lengua. Tiemblo y gimo
hasta que no puedo más. Necesito que vuelva a estar dentro de mí. Tiro de su
cabello hasta que se arrastra por mi cuerpo, y esta vez empuja dentro de mí con
un movimiento rápido.
Empuja tan fuerte, una y otra vez, hasta que de alguna manera terminamos
en el suelo junto al colchón inflable, cubiertos de sudor y sin aliento para cuando
termina.
Acabamos juntos en la ducha, mi espalda contra su pecho. El agua corre
sobre nosotros mientras él me abraza en silencio.
La idea de despedirme de él en algún momento, me hace querer
acurrucarme y llorar, así que intento convencerme de que me equivoco con los
Landrys. Intento mentirme, diciendo que las cosas se arreglarán entre nosotros.

Quizás no mañana, quizás no este mes, pero espero que Ledger tenga razón.
Quizá uno de estos días pueda hacerles cambiar de opinión.
Quizá les diga algo que plante una semilla, y esa semilla crecerá y crecerá
hasta que empiecen a sentir empatía por mí.
Pase lo que pase, siempre le agradeceré el perdón que me dio, lo reciba
o no de otra persona.
Me doy la vuelta y me pongo frente a él; entonces levanto la mano y le toco
la mejilla.
—Me habría enamorado de ti aunque no quisieras a Diem.
Su expresión cambia, y entonces besa el interior de mi palma.
—Me enamoré de ti por lo mucho que haces.
Maldita sea, Ledger.
Lo beso por eso

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