Ledger
stoy en el banquillo sacando el equipo del bolso cuando Grady
desliza sus dedos a través de la valla de eslabones, agarrándola.
—¿Y? ¿Quién era ella?
Finjo no saber de qué está hablando.
—¿Quién era quién?
—La chica que tenías en tu camioneta anoche.
Los ojos de Grady están inyectados en sangre. Parece que el cambio de
turno de noche le está pasando factura.
—Una cliente. Solo la estaba llevando a casa.
La mujer de Grady, Whitney, está de pie junto a él. Al menos, el resto de
la brigada de madres no está con ella, porque me doy cuenta enseguida, por la
forma en que me mira, de que todo el mundo en el campo de béisbol ya está
hablando. Solo puedo ser confrontado por una pareja a la vez.
—Grady dijo que tenías una chica en tu camioneta anoche.
Le lanzo una mirada a Grady y él levanta las manos con impotencia, como
si su mujer le hubiera arrancado la información.
—No fue nadie —repito—. Solo llevé a una cliente a su casa. —Me
pregunto cuántas veces voy a tener que repetir esto hoy.
—¿Quién era? —pregunta Whitney.
—Nadie que conozcas.
—Conocemos a todo el mundo por aquí —dice Grady.
—No es de aquí —digo. Puede que esté mintiendo o que esté diciendo la
verdad. No lo sé, ya que sé muy poco sobre ella. Aparte de a qué saben sus
labios.
—Destin ha estado trabajando en su bateo —dice Grady, cambiando el
tema a su hijo—. Espera a ver lo que puede hacer.
Grady quiere ser la envidia de todos los demás padres. No lo entiendo. Se
supone que el béisbol infantil es divertido, pero gente como él le pone tanta
competitividad y arruina el deporte.
Hace dos semanas, Grady estuvo a punto de pelearse con el árbitro.
Probablemente lo habría golpeado si Roman no lo hubiera empujado fuera del
campo.
No estoy seguro de que ponerse tan acalorado por un partido de béisbol
sea una buena imagen para nadie. Pero se toma los deportes de su hijo muy en
serio.
Yo… no tanto. A veces me pregunto si es porque Diem no es mi hija. Si lo
fuera, ¿me enfadaría por un deporte que ni siquiera lleva marcador? No sé si
podría querer a un hijo biológico más de lo que quiero a Diem, así que dudo que
sea diferente cuando se trata de sus deportes. Algunos de los padres suponen
que, como he jugado fútbol profesional, sería más competitivo. Sin embargo, he
tratado con entrenadores competitivos toda mi vida. Acepté entrenar a este
equipo específicamente para evitar que algún imbécil competitivo viniera y
diera un mal ejemplo a Diem.
Se supone que los niños están calentando, pero Diem está de pie detrás
del plato base metiendo mini pelotas en los bolsillos de sus pantalones de
béisbol. Tiene dos en cada bolsillo y ahora intenta meter una tercera. Sus
pantalones están empezando a caerse por el peso.
Me acerco a ella y me arrodillo.
—D, no puedes tomar todas las pelotas.
—Son huevos de dragón —dice—. Voy a plantarlos en mi jardín y a criar
dragones bebés.
Le lanzo las bolas de una en una a Roman.
—Así no es como crecen los dragones. La mamá dragón tiene que sentarse
sobre los huevos. No los entierra en el patio.
Diem se inclina hacia delante para recoger una piedra y me doy cuenta de
que tiene dos pelotas metidas en la espalda de la camiseta de béisbol. Le
desabrocho la camiseta y las pelotas caen a sus pies. Se las doy a Roman de una
patada.
—¿Yo crecí en un huevo? —pregunta.
—No, D. Eres una humana. Los humanos no crecen en los huevos,
crecemos en… —Dejo de hablar porque estaba a punto de decir: Crecemos en
el vientre de nuestra madre, pero siempre tengo cuidado de evitar hablar de
madres o padres cerca de Diem. No quiero que empiece a hacerme preguntas
que no puedo responder.
—¿En qué crecemos? —pregunta—. ¿Arboles?
Mierda.
Pongo mi mano en el hombro de Diem e ignoro por completo su pregunta
porque no tengo ni idea de lo que Grace o Patrick le han contado sobre cómo se
hacen los bebés. Esta no es mi zona. No estaba preparado para esta
conversación.
Les grito a todos los niños que vayan al banquillo y, por suerte, Diem se
distrae con una de sus amigas y se aleja de mí.
Suelto un suspiro, aliviado de que la conversación haya terminado donde
lo hizo.
Dejé a Roman en el bar para evitarle un viaje al McDonald’s.
Y sí, estamos en el McDonald’s a pesar de que Diem no se puso las
zapatillas deportivas durante el partido, porque se sale con la suya más a menudo
que no.
Dicen que hay que elegir las batallas. Pero, ¿qué pasa cuando nunca eliges
ninguna?
—Ya no quiero jugar al béisbol —dice Diem de sopetón. Está mojando su
patata frita en mostaza con miel cuando toma esa decisión. La salsa gotea por su
mano.
Intento que se coma las patatas fritas con kétchup porque es mucho más
fácil de limpiar, pero no sería Diem si no lo hiciera todo de la manera más difícil
posible.
—¿Ya no te gusta el béisbol?
Sacude la cabeza y se lame la muñeca.
—Está bien. Pero solo tenemos unos pocos partidos más, e hiciste un
compromiso.
—¿Qué es un compromiso?
—Es cuando aceptas hacer algo. Has aceptado formar parte del equipo. Si
lo dejas a mitad de temporada, tus amigos estarán tristes. ¿Crees que puedes
aguantar el resto de la temporada?
—Si podemos comer McDonald’s después de todos los partidos.
Entrecierro los ojos en su dirección.
—¿Por qué siento que me has estafado?
—¿Qué significa estafado? —pregunta.
—Significa que estás tratando de engañarme para que te consiga un
McDonald’s.
Diem sonríe y se come su última patata frita. Pongo toda nuestra basura en
la bandeja. La agarro de la mano para sacarla de la tienda y me acuerdo de la
salsa de miel y mostaza. Sus manos están tan pegajosas como un atrapamoscas.
Llevo toallitas húmedas en mi camioneta por esta misma razón.
Un par de minutos más tarde, se ha abrochado el cinturón en su asiento
elevador y le estoy restregando las manos y los brazos con la toallita húmeda
cuando dice:
—¿Cuándo va a tener mi madre un auto más grande?
—Ella conduce una minivan. ¿Cuán grande tiene que ser su auto?
—No Nana —dice Diem—. Mi mamá. Skylar dijo que mi madre nunca viene
a mis partidos de béisbol, y yo le dije que lo hará cuando tenga un auto más
grande.
Dejo de limpiarle las manos. Nunca saca el tema de su madre. Es la
segunda vez en un día que tocamos el tema.
Supongo que está llegando a esa edad, pero no tengo ni idea de lo que
Grace o Patrick le han contado sobre Kenna, y no tengo ni idea de por qué
pregunta por el auto de su madre.
—¿Quién te dijo que tu madre necesitaba un auto más grande?
—Nana. Dice que el auto de mi madre no es lo suficientemente grande y
por eso vivo con ella y con NoNo.
Eso es confuso. Sacudo la cabeza y tiro las toallitas en un saco.
—No lo sé. Pregúntale a tu nana. —Cierro su puerta y le envío un mensaje
de texto a Grace mientras doy la vuelta al lado del conductor de mi camioneta.
¿Por qué cree Diem que su madre no está en su vida porque necesita
un auto más grande?
Estamos a unos cuantos kilómetros de McDonald’s cuando Grace llama.
Me aseguro de no contestar en el altavoz.
—Hola. Diem y yo estamos de regreso. —Es mi forma de hacerle saber a
Grace que no puedo decir mucho por mi parte.
Grace inhala profundamente como si se estuviera preparando para una
larga explicación a mi texto.
—De acuerdo, la semana pasada, Diem me preguntó por qué no vive con
su madre. No sabía qué decir, así que le dije que vive conmigo porque en el auto
de su madre no cabemos todos. Fue la primera mentira que se me ocurrió. Entré
en pánico, Ledger.
—Yo diría que sí.
—Pensamos decírselo, pero ¿cómo le dices a una niña que su madre fue a
la cárcel? Ni siquiera sabe lo que es la cárcel.
—No estoy juzgando —digo—. Solo quiero asegurarme de que estamos en
la misma página. Aunque probablemente deberíamos dar una versión más
exacta de la verdad.
—Lo sé. Es que es muy joven.
—Está empezando a sentir curiosidad.
—Lo sé. Solo… si vuelve a preguntar, dile que se lo explicaré.
—Lo hice. Prepárate para las preguntas.
—Genial —dice con un suspiro—. ¿Cómo ha ido el partido?
—Bien. Usó las botas rojas. Y comimos en McDonald’s.
Grace se ríe.
—Te tomó por tonto.
—Sí. Cuéntame algo nuevo. Nos vemos pronto. —Termino la llamada y
miro hacia el asiento trasero. La cara de Diem está llena de concentración.
—¿En qué estás pensando, D?
—Quiero salir en una película —dice Diem.
—¿Ah sí? ¿Quieres ser actriz?
—No, quiero estar en una película.
—Lo sé. Eso se llama ser actriz.
—Entonces, sí, eso es lo que quiero ser. Una actriz. Quiero estar en los
dibujos animados.
No le digo que los dibujos animados son solo voces y dibujos.
—Creo que serías una gran actriz de dibujos animados.
—Lo seré. Voy a ser un caballo, un dragón o una sirena.
—O un unicornio —sugiero.
Sonríe y mira por la ventana.
Me encanta su imaginación, pero definitivamente no la obtuvo de Scotty.
Su mente era más concreta que una acera.